El mundo digital tiene una dualidad fascinante: nos conecta con personas maravillosas de todo el mundo, pero también nos expone a la frialdad de las pantallas, donde a veces es más rápido lanzar un reclamo que detenerse a escribir un «gracias».
Hace unos días, revisando los videos de la serie de clases gratuitas de las Catrinas amigurumi que publicamos el año pasado, me topé con un mensaje que me dejó reflexionando profundamente sobre el valor del contenido en internet. El comentario decía textualmente: «Estaba animada a seguirte, pero parece que no quieres enseñar. Quiero hacer una catrina pero hay patrón para seguirte.»
Leer que «parece que no quiero enseñar» es, irónicamente, un golpe directo al corazón. Quienes dedicamos gran parte de nuestra vida a la docencia, a estructurar planes de estudio, crear secuencias didácticas y diseñar recursos de aprendizaje, sabemos que enseñar es mucho más que prender una cámara. Detrás de una clase gratuita en YouTube hay horas de diseño, diagramación de patrones, grabación, edición y, sobre todo, una voluntad genuina de compartir conocimiento sin pedir nada a cambio.
Vivimos en la era de la inmediatez. Queremos todo digerido, rápido y en el formato exacto que nos resulta más cómodo. Si el paso a paso está en video, exigimos el PDF; si está en PDF, exigimos el video. Y en esa exigencia, a menudo se nos olvida que del otro lado de la pantalla hay un ser humano invirtiendo su tiempo libre, sus materiales y su experiencia para hacer accesible un oficio tan hermoso como el crochet.
Este comentario me llamó la atención porque, aunque en Tejiendo Amigurumis recibimos pocos mensajes en comparación con canales masivos, destaca una realidad de las redes sociales: es estadísticamente más probable que alguien invierta su energía en escribir para quejarse o exigir, que para agradecer el esfuerzo detrás de un tutorial de horas.
Sin embargo, lejos de desanimarme, este tipo de situaciones me reafirman el rumbo. Enseñar requiere paciencia, tanto para explicar cómo hacer un aumento invisible, como para entender que no podemos complacer a todo el mundo. Mi compromiso siempre será con aquellas manos dispuestas a aprender, con esa comunidad hermosa que valora el esfuerzo, que teje a mi ritmo en los videos y que entiende que cada contenido compartido es un regalo de tiempo y dedicación.
A todas ustedes que me acompañan, que dejan un «like», que comparten sus fotos y que agradecen las clases: gracias infinitas. Ustedes son el verdadero motor de este espacio.
¿Alguna vez te has topado con esta falta de empatía al compartir tu trabajo o tus conocimientos con los demás?
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